Continuum de la violencia. Y la sanación.

–Una Entrevista con la facilitadora de la Unidad de Derechos de las Mujeres de CALDH en Nebaj a nivel local

entrevista ixil

Caminata del Colectivo Flor de Maguey y Mujeres de AJR para prevenir la violencia, en el desfile de la feria de Santa María Nebaj, en agosto en 2014

En la región ixil los querellantes adhesivos en el caso por genocidio, la Asociación por la Justicia y la Reconciliación, AJR, y el Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos, CALDH, trabajan conjuntamente desde hace 14 años. La Unidad de Derechos de las Mujeres de CALDH las ha acompañado desde entonces. En su proceso de formación-sanación, abordando la red de la vida y tematizando la violencia durante el conflicto armado, también acompaña a Flor de Maguey, un grupo de mujeres que se formó en 2012. El nombre Flor de Maguey fue elegido en alusión a esta planta que se utiliza para tejer redes fuertes y resistentes, de la misma forma que lo hicieron las mujeres que sobrevivieron todo tipo de violaciones a 20141229sus derechos durante el conflicto armado interno. Existe también otro grupo creado recientemente, las Mujeres Valientes del 19 de marzo. El denominador común es las graves violaciones a sus derechos en contra de ellas durante el conflicto armado interno, como desplazamiento forzado, tortura y violencia sexual, y decidieron dar su testimonio en el juicio por genocidio en contra de José Efraín Ríos Montt y José Mauricio Rodríguez Sánchez. ACOGUATE acompaña a la AJR y observa en actividades de CALDH, desde el año 2000.

En la sentencia por genocidio y delitos contra los deberes de humanidad contra el pueblo maya ixil, del 10 de mayo de 2013, se reconoce la violencia ejercida contra las mujeres durante el conflicto armado interno como un delito de genocidio, específicamente en cuanto a la intención de impedir la reproducción de miembros del grupo:

“El hecho de apropiarse físicamente de las mujeres mediante actos de violación, y darles o no muerte, constituye un acto que desmoraliza tanto a hombres como mujeres y constituye un aspecto que contribuyó a socavar la base de la identidad y de la reproducción física de los miembros de la etnia maya ixil.”La sentencia reconoce también el impacto hasta hoy de la violencia sexual: “Por vergüenza y miedo al rechazo, muchas de ellas se quedaron en silencio.”2

IMG_1491El colectivo Flor de Maguey y la AJR presentaron, en Nebaj y en la capital, con el apoyo de CALDH el libro, “Las voces de las mujeres persisten en la memoria colectiva de sus pueblos – continuum de las violencias y resistencias en la vida, cuerpo y territorio de las mujeres”.

“Aquí en el grupo me siento segura y contenta, pero la cicatriz nunca se va a cerrar”, comenta una de las participantes.

La Unidad de Derechos de las Mujeres de Nebaj cuenta con una facilitadora local. Ella está conciente que las mujeres no cuentan con apoyo de sus aldeas y no disponen de dinero para el pasaje, por lo que les resulta difícil pedir justicia por hechos como genocidio y violencia sexual. Afirma que “la violencia sexual viene desde la invasión española” y que “muchas veces los esposos y la familia no sabían que durante el conflicto armado habían sufrido violencia sexual; las mujeres tienen miedo, sienten como si el conflicto continuara. Algunos familiares se enteraron de lo que sucedió cuando las mujeres rompieron el silencio públicamente en el juicio por genocidio”.

entrevista

Usted trabaja con mujeres que han sufrido violencia sexual durante el conflicto, ¿Cómo ve el trabajo con estas mujeres?

Al principio nos ha costado mucho, porque no todas las mujeres vienen y empiezan a contar su historia. Primero hay que tener confianza y así, poco a poco, las mujeres nos tienen confianza, poco a poco empiezan a compartir lo que han vivido. A veces hay historias muy duras, nos afectan también, pero nosotras como promotoras de salud mental hemos tratado de trabajar conviviendo con ellas y últimamente nos ha ido muy bien: nos comparten, nos tienen confianza y ellas ya no tienen vergüenza de lo que pasó. Ellas dicen que en el colectivo Flor de Maguey son como hermanas, porque ellas no tienen confianza de sus propias familias, sus madres o sus hermanas. Pero en el grupo son personas desconocidas, que tienen la misma historia, entonces pueden compartir y se llevan muy bien.

¿Antes de estar en el grupo no hablaron?

No, no hablaban de lo que habían vivido. Algunas hablaron, pero no contaron detalladamente lo que vivieron, lo que sucedió. Pero después que ellas comparten, ven que no son las únicas, sino son muchas: Entonces hay que hablar, romper el silencio, para que no vuelva a suceder lo mismo. El objetivo de ellas es que el abuso no les suceda a sus hijas, a sus nietas. Incluso ahora que no hay guerra, ellas siempre sufren el abuso sexual en nuestras comunidades. Entonces son ellas las que dicen que “hay que contar a nuestras hijas y compartir con otras mujeres que no tienen la oportunidad de participar en el grupo de mujeres”. Así ya hablan, pero antes no querían hablar; por un lado porque les daba vergüenza y por otro les daba miedo contarles a sus esposos, pero ahorita ya no.

O sea, no era solo una experiencia de la guerra, sino es una experiencia que las mujeres sufren…

Es el continuum de la violencia hacia las mujeres, hacia las niñas. Porque la violencia sexual hacia las mujeres no empezó en la guerra, sino eso viene desde mucho más antes. Entonces explicamos eso también a las mujeres y ellas rápidamente entendieron. Se dieron cuenta que ahora sigue la violencia, aunque ya no haya soldado, pero otra clase de hombre viene y se quiere apropiar del cuerpo de las mujeres. Tenemos que decir a nuestras hijas que no se dejen, que se cuiden. Entonces ellas entienden que la experiencia de ellas va más allá. Ya están pensando más en el futuro.

Y ahora, ¿Todavía es tabú hablar sobre la violencia sexual?

Yo creo que ya no para todos. Antes a las mujeres no les interesaba lo que es violencia sexual contra las mujeres, contra los niños, pero cuando hacemos actividades y empezamos a contar y luego se dan cuenta que cada una tiene su experiencia, de lo que sufren las niñas en sus comunidades, entonces ahí empiezan a reaccionar si dañan a las niñas y empiezan a contar unas historias aterradoras. Una señora dice que llegó a su oficina y estaba tocando la puerta, nadie le abría. Pero ella escuchaba ruidos adentro. Entonces miraba entre las tablas de la pared de la casa, y vió dos niños de más o menos 10 años que estaban abusando a una niña chiquita. “¿Que están haciendo?“, les gritó y los niños se quedaron callados. En la tarde fue a la casa de la mamá de los niños y le dijo que no siga dejando a la niña con sus hermanos. Los padres de la familia creen que los niños grandes cuidan de sus hermanas chiquitas, pero no, no hay que tener confianza. Entonces la señora reúne a las mujeres para contarles y todas empiezan a contar. Entonces les da valor para hacer algo contra eso, porque aquí hay muchas niñas que sufren abusos sexuales, pero no hablan, y hay mujeres madres que no escuchan a sus hijas. Entonces así estamos sensibilizando. Aunque estamos sensibilizando a más de 75 señoras pero aparte de la actividad pública, ellas visitan algunas vecinas y cuentan lo que pasa, hay que cuidar a nuestras hijas.

¿Fue la violencia sexual que sufrieron las mujeres en la guerra lo que les motivo a empezar el trabajo sobre este tema?

En un principio CALDH consideraba que era importante abordar el tema y una mujer acompañó el proceso. Fue quien visitaba a las mujeres y les preguntaba si quería contar su testimonio y participar; y algunas también fueron a poner sus testimonios en el Programa de Resarcimiento. Entonces en estos años CALDH empezó a investigar quiénes eran las mujeres que sufrieron violencia sexual. Esta mujer llegó a las casas de las mujeres que sufrieron violencia sexual. Ella preguntaba a las mujeres cómo estaban y contestaban que bien, todo bien. Preguntaba cómo ha vivido y si quería seguir contando su historia. Entonces ellas tomaron su decisión, que sí. Dijeron “yo tengo una gran historia; he contado, pero muy poco, pero si hay alguien que apoya, yo tengo que contar“. Entonces llegó la encargada de CALDH a varias comunidades, y así las mujeres se reunieron por primera vez en el 2010 y 2011. Ellas estaban calladas y vino alguien que compartió un taller con ellas. Cada una empezó a contar lo que le pasó, contaron sus historias. Ese día que contaron por primera vez su historia, todas lloraban en su grupo. Una empieza a contar y otra cuenta, y lloraban y lloraban. Así poco a poco hemos ido trabajando la sanación con ellas. Por ejemplo, hacíamos ejercicios de respiración. Y ahorita, si llegan ellas y se les pregunta si tienen una historia, ellas cuentan. Pero ya no es igual como antes que no paraban de llorar. Ahorita ellas cuentan, “así me pasó“, porque ya superaron bastante el dolor y el sufrimiento, ya no lloran y sí comparten.

¿Cómo enfrentan las mujeres la situación día a día cuando rompen el silencio?

Diez mujeres del grupo fueron a dar su testimonio al Tribunal, pensando en que había la posibilidad de dar su testimonio a puerta cerrada. “Qué bueno, entonces nadie más va a escuchar, porque mi esposo no sabe, mis hijos no saben“, dijeron y fueron contentas. Faltaba un día para que ellas dieran su testimonio cuando les dijeron los abogados que el testimonio va estar escuchado públicamente Yo estaba traduciendo. Dijeron que no pueden obligarlas a dar su testimonio y que es su decisión si quieren lo hacen o no. Entonces había cuatro mujeres en el grupo, de la cuales su familia no sabía y se quedaron dudando. “Ay! Yo no quiero!“ decía una señora, y otra señora se levantó y dijo: “yo sí! Yo ya vine aquí, aunque mi esposo no sabe, yo voy a romper el silencio, pase lo que pase, yo voy hacerlo por mis nietos, por mis hijos“, “Ah! yo también!“, dijo otra, y todas las diez mujeres unieron las fuerzas y dijeron que iban a romper el silencio y que lo harían públicamente. Una señora que tiene sus hermanos en Ixcán y salió su nombre al público, la llamaron sus hermanos y le preguntaban qué le pasó en la guerra y por qué nunca les había contado. Lloraron los hermanos y dijeron “¿Por qué tienes confianza en otras personas y no en nosotros? ¿Cómo estás ahora? ¿Te sientes bien?“ Más que nunca los familiares se acercaron a esa mujer. Cuando regresó, su esposo se enojó, “o sea que soy tu esposo y nunca me tuviste confianza“. Él empezó a tomar, empezó a maltratar a su mujer psicológicamente. Ella cuenta que se enojó y dijo: “Bueno si no te gusta, entonces déjame libre y te puedes ir, yo ya di mi testimonio de lo que pasó. Lo hice por mis hijas, que no quiero que sufran lo mismo.“ Lograron reconciliarse y todo está bien ahora. Ellas rompieron el silencio, aunque sus familiares no sabían y decidieron que lo escuchen, porque los testimonios salieron en la televisión.

¿Cree que con el trabajo que está realizando hay posibilidad de que se rompa el tabú, de ya no hablar y de concientizar a la gente sobre lo que sucede y lo que sucedió?

Sí, yo creo que sí. Hemos visto bastantes avances, porque hay muchas aquí en el área Ixil que no tienen esa fuerza. He escuchado que preguntan, pero si no tienen estudios, no hablan castilla, igual ya llegaron a un tribunal. Con eso quiero decir que ellas ya están sensibilizando a otras personas. De la caminata que hicimos en la feria de Nebaj este año, muchos me dijeron, esas mujeres sí son valientes porque llevan sus pancartas y hacen sus caminatas. Eso nos da ánimos, hasta que están pensando unirse al grupo, solo temen que se les regañe. Entonces yo siento que las mujeres, porque no saben leer ni escribir, están haciendo un gran esfuerzo y un gran trabajo.

¿Cuál es el impacto de la violencia sexual?

Hay muchas historias, pero voy a contar una que me impactó, para entender todo lo que implica la violencia sexual. Hay una señora que está en el grupo, que tiene 43 años. En esos tiempos tenía 12 años. Ella dice que cuando la capturaron y la llevaron al destacamento militar, empezaron a abusar de ella, pero ella no sabía que el abuso era malo. También ella tenía que ver cómo abusaban de su mamá. Después empezaron con la niña que tenía 12 años. Ella sangraba y ya no podía levantarse. Otras personas de la comunidad la apoyaron a levantarse, le pusieron su corte y se lo arreglaron. Una mujer la adoptó, porque su mamá ya había fallecido y su papá estaba desaparecido, y cuando ella vivía en la casa de esa familia, llegó una vecina de visita y le dijo a la madre “tienes que cuidar a tu marido con esa mujer, porque la violaron, ya se acostumbró, se puede acostar con tu marido”. Dice que ella escuchaba eso, pero en este tiempo no entendía. Recién ahora está reaccionando, analizando, que lo que le hicieron a ella era malo. Pero ella no entendía porque solo lo había escuchado. En vez de que esa familia la ayudara, la estaba afectando más, psicológicamente. Entonces cada vez que cuenta, llora porque en vez de apoyarla, le estaban diciendo que hay que cuidar al marido. Ahora está muy afectada cada vez que cuenta su historia porque no comprendía que todo lo que le pasó era un abuso.

¿Y cómo es su vida ahora?

Ella tiene hijos y tuvo su esposo también, no le fue bien, se quedó con su primer hijo y se casó con otro que era alcohólico, ya falleció. Ahora ella está sola, pero tiene cinco hijos. Está muy contenta, muy orgullosa, por el trabajo que ella hace. En la sentencia está su historia y ella dice que siempre ha dicho a sus hijos que lo lean, que lean la historia y que otros niños también sepan lo que ella vivió, porque a ella no le da vergüenza. “Para que las niñas se cuiden”, dice ella. Entonces desde ahí comprende que lo que le hicieron a ella es un abuso. Porque ella dice que la golpearon, ella no entendía, porque era una niña cuando la violaron. Solo vio lo que le hicieron a su mamá. Entonces ella se quedó afectada por eso, porque frente a ella abusaron de su mamá hasta que la mamá falleció. Se quedó abusada sexualmente, se murió su mamá, su papá desapareció y no tiene hermanos – es una señora que se quedó huérfana. Pero ella está luchando y está muy contenta en el grupo. Ella anima y apoya a los grupos. Flor de Maguey siempre ha recibido muchas invitaciones a nivel nacional e internacional también. Ella ha ido para animar a otras mujeres, para que cuenten lo que pasa, que no se queden con el dolor, sino que cuenten, haciendo bien a ella misma y a otras mujeres también.

1 Sentencia por Genocidio, 10 de mayo de 2013, p. 88
2 Sentencia por Genocidio, 10 de mayo de 2013, p. 88
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