Las tierras del Oriente

Comundich DSCF3059 El Oriente de Guatemala es una de las regiones del país que han sido sistemáticamente dejadas de lado por parte del sistema político y económico del Estado. La población ha sufrido bajo uno de los índices más altos de desnutrición. Se podría decir que, en parte, esta situación se debe al clima que, en falta de lluvias, genera una sequía muy fuerte, afectando mucho a los cultivos. Otra problemática, muy actual, es la roya, una de las enfermedades más catastróficas para los plantíos del café, la principal actividad en este área. Sin embargo, para estas comunidades, el problema más grande es la ausencia de derechos que la población campesina e indígena tiene sobre estas tierras. Entre estas últimas se encuentran las comunidades Ch’orti’s que, en su mayoría, residen en el departamento de Chiquimula y Zacapa, y en menor proporción de ambos lados de la frontera entre Guatemala y Honduras.

Antes de la Conquista española, se tiene conocimiento que entre los pueblos originarios no existía la concepción de la propiedad privada sobre las tierras. Con la llegada de la potencia colonial, los derechos sobre las tierras pasaron por diferentes sistemas agrarios, todos ellos basándose en el concepto de que “no hay tierras sin dueño”. Los bienes naturales pasaron a manos de la Corona española, de poderosos encomenderos y de la Iglesia católica. La población local empezó a ser implementada como mano de obra.

Sin embargo, el modelo colonial, que inspiraba la resistencia de los pueblos, también causaba tensiones entre la Corona y los encomenderos. Esto produjo que se dictaran leyes que otorgaban tierras a las Comunidades indígenas. Por lo tanto podemos reconocer que desde la Colonia han existido registros sobre la propiedad colectiva de las tierras a favor a las comunidades indígenas. Sin embargo, no podemos ignorar que esto servía para garantizar el pago de tributos a la Corona, y que siempre los pueblos seguían debiendo días de trabajo a los terratenientes. Las dinámicas de estos nuevos sistemas, en conjunto al adoctrinamiento católico entre otros, llevó a la pérdida de muchas cualidades de la cultura originaria.

El proceso de independencia, de corte liberal burgués, provocó una nueva repartición de las tierras. Esto en parte debido al auge de la producción cafetalera en la región. Con ello se incorporó a la población indígena al trabajo en las plantaciones. Fue así que se consolidó la pérdida de la identidad Ch’orti’, principalmente a través del olvido de su idioma. El pueblo fue alejándose cada vez más de la sensación de pertenencia a su grupo originario.

El curso de la Historia guatemalteca, determinada por tendencias latifundistas, tuvo una década de alivio gracias a las políticas revolucionarias del 1944. Más tarde, en el año 1996 gracias a los Acuerdos de Paz, se terminaron 36 años de conflicto armado interno, el cual, en gran parte, tuvo sus raíces en conflictos agrarios. En esta línea, se expresó la intención de redefinir la política agraria, incluyendo la identidad y los derechos de los pueblos indígenas. Pero resultaron ser acuerdos que quedaron en el papel y que poco se han aplicado en la realidad.

Actualmente, la región de Oriente sigue dedicándose mayormente a las actividades rurales. Sin embargo, cabe distinguir que la relación con la tierra entre un campesino y un indígena guardan ciertas diferencias. El primero trabaja la tierra en la que vive, mientras que para el segundo tiene un enlace que va mucho más allá: el Indígena tiene una relación más profunda, una conexión espiritual que incluye el ciclo de la vida considerando las generaciones pasadas y futuras. De esta forma la cosecha no se limita a ser fruto de su trabajo, es por el contrario un favor que la Madre Tierra le concede y a cambio, ella merece ser agradecida, alimentada y cuidada por el ser humano.

Muchos de estos valores se fueron perdiendo y ciertamente muchos campesinos ya no se identifican como parte de un grupo indígena. No obstante, el hecho de que la gente se haya quedado en estas tierras, a pesar de la cantidad de problemas que implica la vida en esta región, es una buena base para poder recordar y empezar a reconstruir una identidad común. Recordemos que esta tendencia al olvido es también el fruto de una fuerte discriminación. Las pugnas entre ladinos e indígenas son resultado del proceso histórico que se dio después de la independencia, y en esta región en particular a raíz de la expansión de las fincas cafetaleras.

En reacción a las dinámicas históricas impuestas, hace algunos años, se fueron organizando varios grupos de personas y Comunidades con el fin de recuperar los derechos sobre las tierras. En 2004 se constituyó La Coordinadora de Asociaciones y Comunidades para el Desarrollo Integral de la Región Ch’orti’ (COMUNDICH): Esa iniciativa coordina a 84 organizaciones que representan los intereses y acompañan las comunidades indígenas-campesinas del Pueblo Maya Ch’orti’. A la base de sus objetivos está el de poder garantizar la seguridad alimentaria, es decir “asegurar a cada persona o familia la oportunidad de conseguir los alimentos necesarios para satisfacer las necesidades esenciales de sobrevivencia”. El paso siguiente en la reivindicación colectiva de los pueblos consiste en obtener la soberanía alimentaria, la cual implica llegar a una autonomía que permita “definir por si mismos sus políticas agrarias y alimentarias, defendiendo el mercado doméstico frente a los productos de procedencia ajena y a mejor precio1”, en otras palabras, su propio modelo de desarrollo.

Como causa y consecuencia de sus reivindicaciones se encuentra la intención de reconstruir y fortalecer una memoria histórica propia, como pueblo Maya Ch’orti’. De esta forma se desarrolla una consciencia de los derechos propios para garantizar que sean respetados y practicados por los comunitarios.

En este sentido, durante los últimos años, las Comunidades valoran que en algunos municipios de los departamentos de Chiquimula y Zacapa, se han nombrado nueve alcaldías indígenas Ch’orti’s con sus respectivos/as alcaldes/as. Incluso han logrado ser reconocidas por el gobierno guatemalteco. De hecho el Estado se ha visto obligado a reconocer a los pueblos como sujetos de derecho, admitiendo su legitimidad fundamentada en tratados internacionales. Sin embargo hasta el momento, el resultado es muy arbitrario porque es el alcalde municipal el que tiene que reconocer los derechos de una Comunidad indígena sobre un territorio. De esta forma, en realidad, la garantía de estos derechos depende entonces de la buena voluntad política de la autoridad municipal.

De hecho, ese modo de funcionar mostró sus limites cuando, en mayo pasado, los alcaldes indígenas de las Comunidades de Tachoche y Tizamarté, del municipio de Camotán, se dieron cuenta de que su inscripción como Comunidad indígena obtenida en 2011, había sido revocada por las autoridades municipales desde mayo 2013, sin que fueran siquiera notificados formalmente. Esa “omisión”, a su vez servió de justificación para que un tribunal de Chiquimula, alegando que ya vencieron los plazos legales, rechace el recurso de amparo interpuesto por los alcaldes. El asunto se ventila ahora en la Corte de Constitucionalidad2.

Sin embargo, mirando atrás en el tiempo, los Ch’orti’s tienen la legitimidad suficiente para poder exigir y defender lo que les pertenece. Bajo estos argumentos, la revisión histórica agraria pasa a ser una “legitimidad legal”. De esta forma debe reconocerse la existencia de figuras jurídicas comunitarias que, por ejemplo, implican que las tierras son inalienables. Es decir que escapan a los efectos perversos de la comercialización de las tierras y que, por lo tanto, constituyen el fundamento del derecho a la alimentación.

Contrario a los derechos ancestrales-comunitarios, desde las leyes a nivel estatal, se maneja la administración de los territorios de acuerdo al catastro, lo cual permite un sistema de compra-venta de tierras, lo cual puede ser nefasto para el fortalecimiento de los pueblos.

Para COMUNDICH, también resulta importante que se pueda apelar a los tratados internacionales como el Convenio 169 de la OIT y a los mecanismos específicos, a nivel nacional e internacional, que ayudan a reclamar estos derechos.

Alcaldes indígenas reciben los planes de su Comunidad.

Alcaldes indígenas reciben los planes de su Comunidad.

Por ejemplo, el reconocimiento de las alcaldías indígenas, ha permitido presentar las correspondientes escrituras en los registros oficiales del Estado, y así rectificar las líneas trazadas por compradores que se aprovecharon de las prácticas del pasado.

Durante mucho tiempo, el Gobierno estatal ha visto a los pueblos originarios como una minoría débil y pasiva. Queda por delante entonces fortalecerse a nivel político porque una vez adquiridos los derechos, el reto consiste en defender los avances logrados y consolidar su soberanía. Sin embargo, en Guatemala es frecuente que se atienda menos a lo legitimo que a lo que el gobierno considera como “alcanzable y realista”. Es decir que si las propuestas no son vistas como económicamente rentables, no tienen mucho futuro. Para el pueblo Ch’orti’ “el juego” que se disputa consiste entonces en mantener siempre una armonía que esté bien para las partes involucradas. A pesar de estas alternativas, mucha gente sigue confiando más en las estructuras estatales. Entre vecinos de una misma comunidad es fácil que vayan surgiendo conflictos por diferentes puntos de vista.

Según dirigentes de COMUNDICH, “no es que exista un sólo camino predefinido que se pueda seguir para reivindicar los derechos como pueblos indígenas. Se trata de actuar, aprovechando algunos recursos legales existentes, pero también de saber encontrar salidas en situaciones nuevas, por caminos que todavía nadie ha transitado. De cada paso se van aprendiendo nuevas estrategias para etapas futuras.

Mirando en perspectiva los pasos andados, se identifican algunos resultados y se valoran como muy relevantes. Non obstante, el camino no está hecho únicamente de logros. Los conflictos que surgen por las disputas de tierra generan cada año altos índices de violencia así como otros tipos de problemas. En casos extremos incluso se ha llegado a derramamientos de sangre y pérdidas de vidas. Otro fenómeno que se tiene que tomar en cuenta en Centroamérica es el narcotráfico. Aún más en ésta región fronteriza, por donde pasan cada año miles de kilos de cocaína, siguiendo su camino hacia los Estados Unidos.

El hecho de que los pueblos originarios estén reivindicando el derecho sobre sus tierras es un asunto muy complejo y de alto riesgo. Las partes que tienen intereses en juego son muchas y no siempre habrá soluciones que vayan bien para todas. Esto significa muchas dificultades y retos para los pueblos por la manera misma en que está pensado el funcionamiento del Estado. Por lo tanto, la necesidad de transformarse desde la sociedad en su conjunto, es y seguirá siendo de alta importancia.

1 Adaptación de la definición de Vía Campesina.

2 Ver AUTORIDADES INDÍGENAS CH´ORTI´ DEFIENDEN SUS DERECHOS EN LA CORTE DE CONSTITUCIONALIDAD: https://acoguate.files.wordpress.com/2015/08/autoridades-indc3adgenas-chc2b4ortic2b4-defienden-sus-derechos-en-la-corte-de-constitucionalidad.pdf

 

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