La difamación de género para deslegitimar a las mujeres de Sepur Zarco

El primero de Febrero 2016, se abrió el debate oral y publico que juzga por primera vez en una corte nacional (tribunal de mayor riesgo A) los delitos de esclavitud sexual, esclavitud doméstica, violación sexual, (mas desapariciones forzadas y asesinato) como casos de crímenes contra los deberes de humanidad. Los hechos ocurrieron en el destacamento militar de Sepur Zarco, entre los años 1982 y 1988 durante el conflicto armado interno. Los imputados por parte del Ministerio Público son dos miembros del ejercito: el coronel Esteelmer Francisco Reyes Girón y el ex comisionado militar Heriberto Valdez Asij.

Por llevar un caso de esta naturaleza las sobrevivientes y sus abogadas han sido objeto de ataques y difamación relacionado a su género.

Mujeres Transformando el Mundo (MTM), Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG), y Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial de Guatemala (ECAP), son querellantes adhesivos en el caso Sepur Zarco y acompañan a las 11 querellantes en la búsqueda de justicia. Tanto las abogadas de las organizaciones como las querellantes del caso son mujeres, y dado el contexto impregnado por una cultura machista las pone en plano más vulnerable, por lo cual las defensoras de derechos humanos reciben a menudo ataques por su trabajo.

Gran parte de la difamación en contra de las abogadas y la red de organizaciones involucradas en el caso se enfoca en su género. Durante el proceso las querellantes adhesivas han recibido amenazas por su trabajo. Los ataques en redes sociales han sido dirigidos contra su sexualidad para deslegitimarlas como juristas profesionales.

El proceso de búsqueda de justicia las convierte nuevamente en un blanco de ataque por ser mujeres, las sobrevivientes, por ser mujeres, fueron víctimas de crímenes que perpetuán una violencia de genero inherente al sistema patriarcal.

Cuando los hombres fueron desaparecidos, regresaron por las mujeres.

Fue en agosto de 1982 que el ejercito llegó a las aldeas, alrededor de la frontera entre Izabal y Alta Verapaz. Acusaron a varias familias maya q’eqchi’s de apoyar la guerrilla y se llevaron 18 hombres pertenecientes a un comité que buscaba legalizar las tierras para sembrar y vivir.
Ninguno de ellos volvió a su comunidad, los soldados si.

Llevaron a las mujeres al destacamento militar de Sepur Zarco, donde las obligaron a hacer turnos cada tres días para cocinar y lavar uniformes. Fueron obligadas a cumplir con el servicio de Patrullas de Autodefensa Civil en lugar de sus esposos y les fueron asignadas tareas que típicamente son desempeñadas por las mujeres: cocinar y lavar ropa. Las sobrevivientes contaron como los soldados las violaron — a veces en grupo y en ocasiones en frente de sus niños — y quemaron las casas. También fueron obligadas a ser esclavas sexuales para los soldados que llegaban a la base militar para descansar. El destacamento era destinado a la recreación militar.

La violencia sexual en las ultimas décadas ha sido decretada como arma de guerra, por lograr aterrorizar de manera sistemática a un grupo de personas, reiterando la jerarquía social que impone la dominación patriarcal y la subordinación de las mujeres.
La violación rompe la integridad de la mujer, la expone a enfrentar una vida de soltera en una sociedad que concibe las uniones y el matrimonio como una protección, la humilla por ver su cuerpo invadido contra su voluntad y destruye su entorno social dejándola sola en el miedo y la vergüenza.

…En el tiempo del conflicto fuimos violadas por los militares, hubo familias que no nos querían ver la cara porque pensaban que como estábamos solas íbamos a meternos con sus esposos”.

El peritaje cultural presentado el día 17 de Febrero, reiteró que ser mujer, indígena, pobre y soltera expone a una mayor vulnerabilidad y a ser atacadas y excluidas:

“Ellas son asumidas en el imaginario del criollo del ladino del ascendadado, por los altos mandos militares como seres que no piensan que no comprenden, que no sienten que no aman que no tienen valor como seres humanas, que son feas , sucias, que no se pierde nada matándolas, violándolas, torturándolas, que viven en el atraso que solo son útiles para la servidumbre y que ese es su papel permanente”.

El peritaje antropológico de género presentado por Laura Segato, refuerza el carácter del trato inhumano y degradante que han sufrido las sobrevivientes de Sepur Zarco, también argumentó y presentó el concepto de femigenocidio:

introduzco por primera vez [el concepto], para los crímenes que, por su cualidad de sistemáticos e impersonales, tienen por objetivo específico la destrucción de las mujeres (y los hombres feminizados) solamente por ser mujeres y sin posibilidad de personalizar o individualizar ni el móvil de la autoría ni la relación entre perpetrador y víctima. De esta forma, destinaríamos la categoría feminicidio a todos los crímenes misóginos que victiman a las mujeres, tanto en el contexto de las relaciones de género de tipo interpersonal como de tipo impersonal, e introduciríamos la partícula “geno” para denominar aquellos feminicidios que se dirigen, con su letalidad, a la mujer como genus, es decir, como género, en condiciones de impersonalidad”.

Fue en el Tribunal Internacional Ad Hoc para la ex Yugoslavia donde “la violación fue considerada como tortura y esclavitud, y otras formas de violencia sexual, como la desnudez forzada y el entretenimiento sexual, como tratamiento inhumano” (Copelon, 2000: 11). Gracias a ese camino de justicia se logró tipificar una diversidad de crímenes sexuales en el Estatuto de Roma, que rige los procesos del Tribunal Penal Internacional.

Las querellantes objetos de intimidación.

En estas circunstancias, las sobrevivientes han sido acusadas por miembros que apoyan a los sindicados, de haber permanecido voluntariamente en la base militar donde fueron reducidas a esclavas sexuales y domésticas. Este tipo de tratos no se ha dado en casos de hombres detenidos o torturados en bases militares.

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Creditos: Sandra Sebastián-Plaza Publica

La intimidación recibida a lo largo del tiempo y el miedo que pueda seguir perpetuándose, es una de las razones por la cual las sobrevivientes se presentan en público con el rostro cubierto por el perraje, para que su dignidad no siga siendo lesionada y su integridad y la de los familiares sea preservada.

ACOGUATE ha observado el proceso desde Septiembre de 2012, por petición de Mujeres Transformando el Mundo, MTM.

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